HISTORIAS DE ESCENARIOS III

(Puro Teatro)

Igual que en un escenario

Finges tu dolor barato

Tu drama no es necesario

Ya conozco ese teatro…(*)

Celeste decidió regresar caminando desde su oficina, quería hacer tiempo antes de llegar a la cita que tenía esa tarde. Todas sus compañeras de trabajo, al menos las más cercanas, le pidieron que no acudiera, que le olvidara sin darle explicación ninguna, que no tenía por qué pasar por eso y que…

—Olvidar, cómo si eso se pudiera hacer así como así— pensaba Celeste mientras se enfilaba calle arriba entre las terrazas de las cafeterías— Qué buenas son todas para dar consejos, pero qué diferente se siente cuando eres tú quien se enfrenta a ese toro…— siguió rumiando mientras tragaba saliva.

Mintiendo,

Que bien te queda el papel

Después de todo parece

Que esa es tu forma de ser.

Se detuvo en una esquina y dudó si continuar en dirección a la cita o definitivamente hacer caso a sus compañeras y huir hacia ningún puerto, para quedar como barco sin rumbo, al fin y al cabo, así había sido siempre…

Decidió continuar el camino hacia su encuentro, no sin ese temor que da no sentirte segura de tus decisiones, en especial alguien que durante su vida, había errado en cada determinación con sus relaciones afectivas.

Yo confiaba ciegamente

En la fiebre de tus besos

Mentiste serenamente

Y el telón cayó por eso

A medida que se acercaba al punto de encuentro, desaceleraba el paso, repasando mentalmente cada frase que estaba dispuesta a repetir sin tartamudear, sin ruborizarse, sin sentirse en inferioridad…

…era tan guapo, era tan deshonesto…

Teatro,

Lo tuyo es puro teatro

Falsedad bien ensayada

Estudiado simulacro

Celeste se detuvo delante de una cafetería, dudó si entrar y pedir una infusión de tila— si tuviera un cigarro, me lo fumaba— pensó, mientras su párpado derecho se aceleraba fuera de control.

Sin embargo, respiró hondo, muy hondo y agilizó el paso creyéndose segura de lo que iba a afrontar cara a cara, de lo que iba a decir, de cómo iba a actuar…

…aunque fuera tan guapo, pero tan deshonesto.

Fue tu mejor actuación

Destrozar mi corazón

Y hoy que me lloras de veras

Recuerdo tu simulacro

Cuando llegó al punto de encuentro, sus ojos reflejaron la decepción más amarga, la impotencia más lastimosa, la desilusión más desoladora.

No apareció a la cita.

Celeste tomó camino a su casa y se detuvo delante de un bar en donde sonaba el final de una canción que le arrancó una enorme sonrisa…

Perdona que no te crea

Me parece que es teatro.

 (*)Fragmentos de la canción “Puro teatro”, autor Tite Curet Alonso en la voz de la Lupe

Ángel Descalzo Fontbona – abril 2019

La lupe

HISTORIAS DE ESCENARIOS II

(Despedida de un valiente solitario)Cyrano

—Lo intuí, pero nunca imaginé que ocurriría…

El muro que separa el camposanto de la ciudad siempre fue un lugar al que se mira de reojo cuando pasas subido en el coche camino de vete tú a saber dónde. Aunque de vez en cuando, por circunstancias diversas, debemos detenernos y caminar hacia su puerta para traspasarla.

Esta tarde así lo hice, dejé mi coche en el estacionamiento y me adentré entre esas calles que evocan siempre tiempos pretéritos cargados de recuerdos. Cuando llegué al bloque de nichos que me indicaron en la entrada, con tristeza, comprobé que nadie le había acompañado en su último paseo, los empleados del cementerio estaban tapando el agujero por donde se deslizó el ataúd y si alguien, yo creo que no, estuvo en el adiós, ya se había ido. No merecía tanta soledad en el momento de su despedida, pero al final se fue como había vivido sus últimos años, solo.

Ceferino nació con el dedo índice de la casta sociedad apuntándole directamente por ser fruto el pecado. Su madre, como lo había sido su familia generaciones atrás, eran los encargados de cuidar y mantener el Teatro Principal de la ciudad y la pobre cometió el pecado de enamorarse de un cómico de cuarta que le prometió la luna y acabó desapareciendo con algunas alhajas, medio queso y dos botellas de vino, después de haber gozado con la pobre ingenua en uno de los camerinos del teatro. Cuando ya no pudo esconder más el tamaño de su vientre, su madre, viuda de guerra, dudó si matarla o echarla de casa, pero decidió que al final era lo único que tenía y quien le ayudaba en la tarea de mantenimiento del teatro.

Ceferino, creció entre decorados, tramoyas y miradas de reproche. Nunca fue muy espabilado, la madre naturaleza no fue generosa con su ingenio, excepto en su memoria, todos estaban de acuerdo que fue la penitencia que Dios le había mandado a su madre por el pecado de lascivia.

Cuando la abuela murió, la gerencia del teatro, por misericordia como dijeron todos, le concedió a su madre seguir con las tareas de mantenimiento Los años fueron transcurriendo tranquilos y Ceferino fue creciendo y aprendiendo las labores de mantenimiento del teatro. Pero lo que más le apasionaba era aprenderse de oído los papeles más importantes de las piezas que se representaban cada temporada. Se sabía de memoria los textos de; Segismundo, Hamlet, Frondoso, Romeo, Cyrano y tantos otros que fueron desfilando en aquel vetusto escenario del Teatro Principal.

Hace tres meses el juez dictó que el teatro debería ser derruido por su deficiencia estructural, todos sabemos que su señoría se llevará un buen mordisco por la gestión de los pisos que se venderán en ese solar.

En el año transcurrido entre el cierre del teatro y la sentencia, la enfermedad que fue consumiendo a su madre ganó la batalla, Ceferino se quedó solo y sin nadie ni nada que cuidar. Y lo intuí, pero nunca imaginé que ocurriría. Ayer encontraron su cuerpo acostado en el escenario vestido de mosquetero, dicen que se quitó la vida, pero yo no les creo, estoy seguro de que, con las prisas de ir a ver a Roxana, le emboscaron y le hicieron caer una viga en su cabeza y se durmió recitando el texto de la carta… 

Adiós Roxana, ¡voy a morir!…

Esta tarde, amada mía, tengo el corazón lleno de amor no expresado… ¡y voy a morir! Nunca, jamás mis ojos embriagados, mis miradas alegres…

… alegres de amor, no volverán a besar al vuelo vuestros gestos… ¡os envío en esta carta el beso acostumbrado para que, por mí, él toque vuestra frente! Quisiera gritar…

…y grito: ¡Adiós! (*))

El Teatro Principal tuvo la mejor despedida imaginable sobre su escenario y yo camino hacia la salida del camposanto con la promesa de escribir unas líneas de homenaje a uno de esos héroes desconocidos, que pasan cerca de nuestras vidas y sin querer nos dejan poso para siempre.

Adiós Ceferino, adiós Cyrano.

Ángel Descalzo Fontbona — abril 2019

(*) Adaptación del texto original del Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand

Gran teatro Principal

HISTORIAS DE ESCENARIOS

(Victoria y la terapia del aplauso)

Cinco segundos antes de dar el primer paso sobre el escenario, Victoria respiró hondo, como si esa inhalación fuera la última de una vida que iba a dejar atrás, arrinconada entre los bastidores de ese teatro. Recordaba con una solitaria lágrima, que se precipitaba en su mejilla, lo que esa misma mañana vivió en su habitación, cuando pudorosa y en silencio sentía la seda de las medias resbalando con suavidad alrededor de sus muslos; todavía blancos, todavía tersos, siempre delicados. Ya no recordaba la última vez en que se preparó para ir a un escenario, quizás doce años, parecía una eternidad, tragó saliva y posó la mirada irremediablemente sobre la fotografía de su boda, que tantos años había presidido el tocador de su habitación.

El marco de plata me lo compraste en nuestra luna de miel, pensó, mientras se levantaba para acercarse a la instantánea y acariciar levemente las filigranas plateadas con la yema de los dedos.

Permaneció de pie, inmóvil, con la vista clavada en el portarretratos. La memoria estaba caminando por senderos empinados y en su rostro ya se reflejaba la acritud por lo que no quería ser revivido.

—¡Hijo de puta! —

El cristal del marco se desparramó en incontables pedazos, salpicando el suelo de la habitación, como una estrellada noche de verano. Victoria mantuvo durante unos minutos los labios fruncidos y temblorosos, negándose a derramar una lágrima más, prohibiéndose reproches que no se merecía y que la habían acompañado de la mano durante demasiado tiempo.

Recogió con tiento los restos del arrebato, deteniéndose a cada instante como si sintiera una voz que le susurraba por la espalda, negó con la cabeza cuando abría el cubo de la basura, se detuvo de nuevo e inspiró profundamente para negar por segunda y última vez, observando como el retrato y el plateado marco desaparecían mientras se cerraba la tapa…

Oyó la voz del presentador que se recreó en cada sílaba: “Tengo el honor de presentar de nuevo en este escenario…”

Victoria avanzó con elegancia hasta el centro, clavó su mirada en las luces que bañaban el espacio y un mundo renació para ella.

Su sonrisa recuperó una boca olvidada cuando los aplausos inundaron por completo el teatro.

Ángel Descalzo Fontbona — marzo 2019

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LA GENEROSIDAD DEL EGOÍSTA

FOTO ANDRES SUPERLUNACuando Andrés deslizó su dedo índice en el disparador, la realidad se detuvo para obsequiarle un instante.

—Te regalo la magia del ahora y sólo ahora—le susurró una voz justo en el momento de la toma.

Andrés no respiraba para que nada alterara el cuadro que nadie más que él iba a poseer. ¿Nadie más que él?

Sí, pero no.

En el fondo la fotografía es la generosidad del egoísta…

—Este instante es mío— se oía Andrés gritar a sí mismo—todo el mundo lo verá.

La generosidad del egoísta.

Ahí estaba una Luna voluptuosa asomada impúdica entre los campanarios enmudecidos. Y el dedo índice continuaba en su desliz de un instante regalado, egoísta y generoso.

La luz se confinó con irremediable benevolencia en la cámara de un Andrés seguro del regalo que estaba aceptando con generoso egoísmo.

Después, todo de nuevo en su funda, la Luna voluptuosa esta noche de primavera recién nacida, en su paso hacia el horizonte y Andrés sonriente camina, con el tesoro de un instante guardado en su bolsa, hasta que su egoísmo generoso lo revele, lo entregue, lo comparta. Y yo como todos lo suspire, lo sueñe, lo anhele…

 

Ángel Descalzo Fontbona – marzo 2019

 

CALAVERITA PARA MI GENTE

Calacas

Esta noche mientras dormía,

una calaca me ha despertado,

y a la oreja me ha contado,

lo que con mis amigos pretendía.

 

A todos me los llevaría,

pero una orden me han dado,

que como bien te has portado,

Angelito a quién me lleve lo elegiría.

 

Sentada Doña huesos, la fría,

afilaba la guadaña a mi lado,

en espera a que recite el listado,

y saber a quién le daba amnistía.

 

A mi familia no amargues el día,

dije con tono muy adecuado,

de mis amigos hasta el más alejado,

irse contigo ninguno merecería.

 

Eso no te lo permitiría,

protestó la parca con enfado,

aunque sea a tu vecino de al lado,

has de entregar su alma en este día

 

Pensando cómo le respondería,

para poder estar bien atinado,

sin que nadie salga lastimado,

en este lance de la muy impía.

 

Hablé directo hacia su fisonomía,

sabiendo que estaba acertado

en la decisión que había tomado,

que era directa y con valentía.

 

De mi gente te llevarás por la cañería,

sólo y anota bien este mandado,

los que escribiendo han perpetrado,

mensajes con faltas de ortografía.

 

Ángel Descalzo (octubre 2018)

TAMBIÉN LAS MUSAS SON OBRERAS

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(Agradezco a Eliza Rodriguez por encontrar este intento de texto de mi juventud)

Aún me siento húmedo de la última gota de lluvia antes de entrar en el café… y no sé qué escribir. Quizás esta lluvia haya dejado afónicas a mis musas.

Desde luego como excusa no está mal, pero eso no se le puede explicar a un editor. Ojalá pudiese inventar historias como ésa, sería señal de que me ganaría la vida por escribir estupideces como ésta.

Al menos tengo el recurso de pedir veinte duros a mi madre para mis vicios, papel, lápiz, cervezas…

Posiblemente mi desértica inspiración, es causa del libro que tengo ante mí, en la portada aparece el rostro de Walt Whitman mirándome, como con cara de decirme algo y por su expresión bastante seria no son gritos de aliento a que continúe escribiendo.

Bueno al fin y al cabo no le he pedido su opinión, Sr. Whitman y realmente a mí tampoco me gustan sus poesías.… y las musas sin aparecer, ¡maldita sea! ¿para eso les pago?

Llevo veinte minutos intentando escribir una palabra decente y no hay manera… pero… ahora que me fijo en el calendario, hoy es 1 de mayo, día del trabajo, seguramente se habrán ido a la manifestación y yo como un imbécil esperando, además, bien pensado yo no debería escribir, que se espere el editor, hoy no es día laborable.

Y como mi jefe soy yo, no me voy a enfadar.

Me declaro en huelga legal.

Agur prendas!

Ángel Descalzo Fontbona                       Vitoria Gasteiz 1 de mayo de 1984

TE INVITO

WP_20151003_20_01_49_Pro(Poema escrito especialmente para la boda de Cristina López y Nicolás Peredo)

Te invito a compartir un Fa,

No es mucho,

Pero si me dices que sí,

La nota pedirá tu sonrisa un compás completo.

Te invito a compartir un estribillo,

No es mucho,

Pero si me dices que sí,

El pentagrama pedirá tu mirada toda una melodía.

Te invito a compartir un montuno,

No es mucho,

Pero si me dices que sí,

La orquesta pedirá tu cadencia todo un danzón.

Te invito a compartir un beso,

No es mucho,

Pero si me dices que sí,

Mi corazón pedirá tu compañía toda una vida.

Ángel Descalzo Fontbona (Septiembre 2015)

ONCE PASOS (soneto)

pareja caminando - imagenes de amor - imagenes romanticas

Once pasos que me llevan atado,

amarrado al vaivén de tu cintura,

once pasos, puntuales, sin premura,

deslizando un suspiro acompasado.

 

Dibujamos un paseo marcado,

y un cuadro que no es lienzo ni pintura.

Columpios volando en la partitura,

de un danzón como un pincel soñado.

 

Desde el estribo, hasta el fin del montuno,

once pasos como soplo de vida,

como pan caliente en el desayuno.

 

Asentamos la cadencia esculpida,

al arribo de un final oportuno,

once son diez para la despedida. 

 

Ángel Descalzo Fontbona (Septiembre 2014)

AL FINAL DEL TÚNEL

Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir, de no haber gritado cuando la locomotora asomaba desde el túnel que moría en el paso a nivel, de no haber derramado una sola lágrima sobre el charco de vino que se emulsionaba con la mala sangre, de haber corrido a casa para ser el primero en dar la noticia, de sentarnos en las literas y soplar mientras nos mirábamos.

Esa noche, mamá no tembló al servir la sopa…

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